lunes, 8 de febrero de 2016

El gran pulpo

Sabemos que en un oscuro tiempo remoto, cuando Le Corbusier se llamaba Charles Édouard y era suizo, decoraba las esferas (¿por qué se les llama esferas?) de los relojes de cuco. Su maestro de entonces, l'Eplattenier, pintor naturalista que le enseñó historia del arte y le abrió los ojos al mundo exterior, le vaticinó que llegaría a ser arquitecto.
Y llegó a arquitecto, naturalmente. Hizo algunos chalés suizos que, por mucho que Colin Rowe quisiera ver algo en ellos, sólo tienen el interés biográfico de que quien hizo aquello era un joven paleto que quería ser arquitecto y que por entonces se llamaba Charles Édouard y ni soñaba con llegar a ser Le Corbusier algún día.


El joven había recibido una formación muy escasa, pero tenía una inteligencia muy despierta y un instinto certero, y era más listo que los ratones coloraos. Las pillaba al vuelo, y en seguida se dio cuenta de que su tierra natal le ahogaba y de que como arquitecto de pueblo no iba a llegar a nada. Y se fue a París. Quería estar en el ojo del huracán, codearse con lo que fuera que había allí.
Se sumergió con avidez en la vanguardia como se podría haber sumergido en cualquier otra cosa: en lo que hubiera de mayor excelencia. La vanguardia artística era lo más de lo más en una sociedad que era lo más de lo más. Es decir: los más cultos y modernos de entre la gente más culta y más moderna estaban enfrascados en el arte de vanguardia, y él se metió allí de cabeza. Y destacó en ese mundo. Dentro del Movimiento Moderno llegó a ser el más moderno de todos los arquitectos, su sumo pontífice, su capitoste.
Glosar su ingente labor en la vanguardia de la arquitectura rebasa la capacidad de este blog. Sus consecuciones iluminan a la humanidad. Le Corbusier no es sólo uno de los más grandes arquitectos del siglo XX: es uno de los más grandes de toda la Historia de la Humanidad.
Como arquitecto insertado en las vanguardias artísticas del siglo XX su obra icónica, su fetiche, es la Villa Saboya, en Poissy (Francia).



En esa época realizó las obras más canónicas del Movimiento Moderno. Acuñó el famoso eslogan "la casa es una máquina de habitar" y también sus famosos "cinco puntos de la arquitectura".
Sin embargo yo sostengo que la Villa Saboya (como el resto de su obra) no es funcionalista en absoluto. Basta estudiar la planta de la vivienda para apreciar la tosca distribución, las circulaciones confusas y la relación incómoda entre las diferentes piezas. Por otra parte, sistematiza las ventanas sin importar la orientación de cada fachada ni los usos de las distintas piezas. Monta la vivienda sobre pilotes sin demasiada justificación (la del recorrido del coche y el acceso al garaje, con ese parcelón, no me parece suficiente). La remata con un solarium que ni tiene en cuenta el soleamiento ni puede funcionar adecuadamente. (¿Alguien tomó el sol ahí alguna vez?). Y cierra el patio terraza con una falsa fachada que tampoco se justifica ni funcional ni racionalmente.
Pero todo ello tiene una riqueza plástica innegable.
Porque Le Corbusier es, ante todo, un artista plástico.
La escalera de "semicaracol" que arranca desde abajo en un tubo-sacacorchos es fascinante, la doble circulación (innecesaria) en la que desemboca esa escalera da un riquísimo juego de espacios. La salida a la terraza y su recorrido hasta la cubierta es delicioso. La falsa fachada de la terraza enmarca la vista desde dentro hacia el paisaje, y desde fuera cierra el paralelepípedo. Y el muro curvo del solarium es como una vela que hace avanzar al barco varado en la hierba.
Ninguna de esas decisiones es funcionalista ni racionalista. Todas ellas son plásticas; hacen un bellísimo objeto, y, sobre todo, cualifican unos espacios muy apetecibles y excitantes. Porque para Le Corbusier, como para todos los arquitectos verdaderamente grandes, la arquitectura es, antes que nada, espacio.
(Y el espacio ni es "sitio" ni es "volumen", sino muchas otras cosas. Cosas logradas por esa insensata circulación ambigua y confusa, esa disfuncional tumbona de gresite entre el baño y el dormitorio, esa rampa promenadesca y todo lo demás).
Le Corbusier escribía y hablaba de soleamiento, de ventilación, de orientación, de distribución... También hablaba de modulación y seriación...


sábado, 30 de enero de 2016

Urbanismo participativo vs. urbanismo asambleario

(A Emilio)

¿Deben los ayuntamientos escuchar a los ciudadanos o es mejor que se líen a remodelar las calles y plazas sin hacer caso a nadie? La respuesta es obvia. O sea: la pregunta es completamente innecesaria.
Pues claro que hay que escuchar a los ciudadanos. Estaría bueno. Estamos hartos de que los alcaldes hagan todo tipo de barrabasadas sin contar con nadie, y de que sus arquitectos les secunden diseñando "de espaldas al pueblo" (Doña María dixit).
¿Pero hasta qué punto hay que escuchar a los ciudadanos? ¿Y a cuántos ciudadanos hay que escuchar?
Este es un tema peliagudo y peligroso, porque por ese camino, y en aras de querer diferenciar entre democracia y demagogia, podemos desarmar el tema, anularlo y acabar despreciando a la gente y apoyando los comportamientos autoritarios y dictatoriales de quienes mandan. Cuidado. También decían (antes se decía mucho) que no había que confundir libertad con libertinaje, y se escudaban en eso para no dejar hacer nada a nadie.
Vamos, que yo sí soy partidario de que quienes gobiernan escuchen al pueblo.
Ahora bien:
El Ayuntamiento de Madrid tiene entre sus posibles objetivos la remodelación de la Plaza de España. Pero antes de hacer nada han formulado dieciocho preguntas para que los vecinos respondan.
No me parecen bien ni las preguntas ni la forma de consultar.


Preguntar a bulto y a mogollón es como preguntar a una asamblea, y todos sabemos lo que es un régimen asambleario. (Yo lo conozco de la escuela, de cooperativas de viviendas y de alguna reunión vecinal como la que contaré después). Quien convoca y modera la asamblea tiene toda la capacidad del mundo para manipular, marear la perdiz y hacer que o se decida lo que lleva previsto de antemano o no se decida nada y se aplace el asunto para otra asamblea; y así hasta que salga lo que quiere.
Empezaron planteando sesenta y siete preguntas, que tras "votación consensuada por las organizaciones participantes en el proceso" quedaron reducidas a dieciocho. De entrada no sé por qué esas organizaciones y no otras, ni quiénes las forman, ni quiénes las eligen. Se nos dice también que el once de enero varias de las organizaciones más relevantes decidieron abandonar. Pues vaya.
Puestos a que unas organizaciones entren, otras salgan, unas consensúen y otras se cabreen, pienso que los que sí están elegidos democráticamente por toda la población son los ediles. Las otras "organizaciones" no sé quiénes son ni cómo funcionan. Y no tengo por qué fiarme de su criterio ni de sus intenciones.
El caso es que esas organizaciones han preparado el cuestionario, que queda publicado para que quien quiera se lo descargue, lo conteste y lo presente. Tal vez yo sea muy pesimista o muy derrotista, pero estoy harto de ver que quienes responden a este tipo de llamadas suelen ser los más puntillosos, tocanarices y maniáticos, mientras que la gente "normal" bastante tiene con lo que tiene como para responder el cuestionario.
Por otra parte, el cuestionario tiene -siempre en mi muy personal opinión- algunas preguntas manipuladoras, otras muy técnicas y otras muy caprichosas, y me temo que los encuestados no pueden analizar todos los datos, hacer cálculos, cotejar presupuestos ni plantearse dificultades, sino que responderán a bote pronto y a sentimiento.
En esta web el ayuntamiento lo explica todo muy bien. ¿Pero de verdad nos vamos a estudiar todos los documentos de la columna de la derecha (estudio ambiental, estudio de movilidad, estudio sociodemográfico...). Mejor nos descargamos el cuestionario y vamos al grano. "Venga, venga. Vamos a poner cruces".
El ciudadano debe contestar a sentimiento y decir lo que quiere a base de poner cruces. Ya están los técnicos para calcular y resolver. Sí. Cierto. Pero creo que, por esa misma razón, no se le pueden hacer a los vecinos ciertas preguntas de respuesta rápida y cortante.
La primera sí es buena: Plantea la propia conveniencia de la operación. "¿Crees necesario reformar la Plaza de España?" Si sale que no, asunto terminado.
La 2 es gloriosa: "¿Crees que se deberían mejorar...?" ¡SÍ! ¡NATURALMENTE! ¡CLARO QUE SÍ! Todos queremos que se mejore. Todo lo que sea mejorar es bueno. ¿Quién va a decir que no? "¿Crees que se deberían mejorar las relaciones entre Armenia y Filipinas?" Pues sí. "¿Crees que se deberían mejorar los implantes mecanogástricos del fosfeñojo poliédrico?" Pues claro. Pobres implantes mecanogástricos.
Pues eso: que si crees que se deberían mejorar las conexiones peatonales de la Plaza de España con
Plaza de Oriente
Barrio de Conde Duque
Templo de Debod
Parque del Oeste
Cuesta de San Vicente
Madrid Río
Casa de Campo
Gran Vía
Ninguna
Y, atención, te dicen que ¡puedes elegir varias! ¡Coño, pues todas! (menos la última: "Ninguna"). ¿Hay alguien con tan mal corazón que no quiera mejorar las conexiones peatonales? ¿Que algunas de ellas ya son buenas? Puede ser, pero todo se puede mejorar, y me están preguntando si quiero que se mejoren. Sí, sí. Que se mejoren todas.
Ni siquiera te piden que elijas una, lo cual ayudaría a señalar cuál de las conexiones está ahora peor, cuál necesita más atención. No: Puedes elegir varias. Elegir varias no es elegir. Señalemos todas. Ya que tenemos unos padres que nos malcrían de esa manera, pidámonos para los Reyes Magos todo el cortinglés.
Otras preguntas son muy alambicadas, algunas algo ambiguas, y otras demasiado técnicas.
¿Cuántas plazas de aparcamiento hacen falta? ¿Hay que mantener el paso elevado de Bailén? (Obsérvese que hay apartado "otras" respecto a ese paso elevado, a ver si a algún vecino se le ocurre alguna idea genial y la regala). ¿Hay que soterrar el tráfico en el eje Gran Vía y Princesa, teniendo en cuenta el elevado coste? Ojocuidao: Teniendo en cuenta el elevado coste. Sin más. ¿Qué coste? ¿Cómo se va a pagar? ¿Cuántos años nos va a tocar pagar? ¡Qué narices, yo pongo la cruz!

jueves, 28 de enero de 2016

Cuánto amor y qué poquito odio

Hacía tiempo que no hablaba de música, y cuando lo hago es de jazz. Pero hoy voy a hablaros de mis amigos de Mawino, un grupo de power prow rock de Toledo, porque han sacado su largamente esperado disco, y tengo que deciros que es una pasada, y que no puedo dejar de decirlo aquí.
El disco se titula so much Love & so little Hate y, antes de decir cosas más pertinentes quiero señalar que, aunque son bastante más jóvenes que yo, ya ese título indica una sabiduría provecta, una convicción que se tiene cuando ya se ha vivido mucho: Cuánto amor y qué poquito odio. Porque algo de odio siempre queda, naturalmente, pero el amor se lo come. Ese mensaje de lucidez y, como digo, de meta, empapa todo este disco que es una joya de la música, pero también de la conciencia vital y de la deseable y soñada madurez.


(Que el disco es muy bueno no lo digo sólo yo, que no dejo de ser un mero aficionado que además siente empañado su recto criterio por la amistad: Lo dice gente mucho más enterada).

Permitidme, antes que nada, que os presente a los miembros de la banda:

Seis personajes, pero sólo cinco miembros


LO PRIMERO, LOS MÚSICOS

Fernando Marín: Voz y guitarra. Fernando es el líder del grupo. El mismo nombre Mawino es un recuerdo cariñoso a la forma como le llamaba B. B. King cuando hizo su gira por España con Raimundo Amador. En aquella época Fernando era un jovencísimo y ya brillante guitarrista cuyo estilo slow cautivó al maestro misisipiano. Años después se alejó del blues, pero yo noto todavía alguna reminiscencia por aquí y por allí, especialmente en el corte 6: Updated Boy.

Pablo Alguacil: Guitarra y coros. Pablo, además de músico, es arquitecto. Y muy buen arquitecto. Pero por encima de todo es marino. Le marcó para siempre su travesía en solitario desde Portosín (La Coruña) hasta Mantoloking (Nueva Jersey, EE.UU.). Pretendía llegar a Nueva York, pero las cosas salen como salen, y podría haber sido bastante peor. Noto ese espíritu marino en ciertas cadencias, ciertos punteos... Sobre todo en el solo del corte 3: Light My Room

Ruth Pinel: Teclados. Ruth estudió piano en Olivenza (Portugal), y llegó a ser una virtuosa clasicista. Pero después fue evolucionando hacia una deconstrucción cada vez más difusa, y su estilo cambió rotundamente con los cursos que siguió en la Escuela Superior de Contrapunto de San Petersburgo (Rusia), y, aún más, en el bar Octopus de aquella lejana y fría ciudad. Todo ello ha formado a una música tan sólida como ecléctica, que domina todos los palos y les da un sello propio e inimitable. Toda su música es fascinante, pero yo muero con el tema 1: Crazy Little Head.

Iván Muñoz: Bajo y coros. Iván viene del mundo del fútbol, lo que no es ninguna tontería. Llegó a jugar en los juveniles del Manchester United, y cuando se vino a vivir a España todos le auguraban un gran futuro en alguno de los clubes punteros de Primera División, pero una lesión cruel le retiró. En todo caso, tomemos lo bueno de aquella triste circunstancia: Nos dio un bajo formidable. Toca como jugaba: Centrocampista defensivo de gran control y mesura, muy seguro y muy austero ("menos es más"), pero que cuando veía la oportunidad se lanzaba al ataque y movía a todo el equipo y lo organizaba. Así hace ahora con Mawino desde su bajo. Su capacidad estructurante está siempre presente, pero creo que se nota especialmente en el tema 8: Enough For Today.

Pablo Junquera: Batería y coros. Pablo ni se planteó siquiera ser músico hasta que no estuvo unos meses colaborando con Arquitectos Sin Fronteras en Gabón. Por las noches tenían un par de horas de relax que pasaban con la gente de la aldea, que cantaba, bailaba y hacía percusiones fantásticas, que fascinaron a Pablo. Se descubrió en sí mismo una capacidad innata para el ritmo, que desarrolló allí con gran rapidez, y que después, ya de vuelta en España, perfeccionó con Rubem Dantas. Pablo une la cualidad de ser un metrónomo perfecto, con una precisión de reloj atómico, con la de romper el ritmo y descomponerlo cuando quiere y como quiere. Parece capaz de fabricar un espejo purísimo y luego romperlo en miles de facetas con reflejos y brillos distintos y simultáneos. Su presencia es evidente siempre, pero resalto sus breaks en el corte 7: Girl.

El sexto mawino. ¿Por qué en la foto hay seis animales si los mawinos son sólo cinco? Les hice esa pregunta y me miraron con hastío. "Qué original eres, tío. Ya nos han hecho esa pregunta ochocientas diecisiete veces. ¿Qué quieres que te digamos? Que ese sexto miembro eres tú. ¿Vale? Y ese, y aquel. Es quien nos oye, quien se une a nosotros en los directos, quien baila nuestra música o quien atraca un banco mientras nos escucha por los cascos. ¿No hubo un quinto beatle? Pues un sexto mawino. Al fin y al cabo Ramón y Cajal eran solo uno". (Esto último me dejó doblado. A veces no sé si me vacilan con buen estilo o si es que las cosas son así y no hay más).

viernes, 22 de enero de 2016

De premios y vanidades

Hace unos días se ha otorgado el Premio Pritzker, que, en una muestra perenne de paletería y de provincianismo hirsuto, todo el mundo ha vuelto a decir que es el Premio Nobel de la Arquitectura.
Vamos a ver: Que la gente de la calle no sepa qué es eso del Premio Pritzker es natural (ya es sorprendente que lo sepamos los arquitectos; y yo diría que ni siquiera todos), pero que, para resaltar su supuesta importancia se diga -todos, todos, todos los años; uno detrás de otro- que es el Nobel de la Arquitectura es patético, ridículo. ¿Por qué narices va a ser el Pritzker equivalente al Nobel? ¿A santo de qué?
¿Tiene el Premio Nobel la modalidad de Arquitectura? No. Pues ya está. Pues tan a gusto. Como no la tiene de Música, de Chapa y Pintura ni de Conserva de Pescado. Reconozcámoslo con tranquilidad de espíritu, con gesto apacible e incluso con gratitud: No todas las actividades humanas son premiadas por la Academia de Suecia. Ni siquiera por la de Noruega.
No es de recibo que para intentar dignificar cualquier premio se diga sin ton ni son que es el Premio Nobel de tal o cual actividad.
Además, ¿dónde está la supuesta excelencia y el supuesto prestigio del Premio Nobel para que haya que ponerlo siempre como parangón? Solemos hablar respetuosamente del Premio Nobel sin recordar que le dieron el de Literatura a Winston Churchill (1953), o el de la Paz a Menachem Begin (1978), o el de Medicina a Ramón y Cajal (1906), sí, qué bien y qué justo, pero compartido con Camilo Golgi, su oponente científico, que negó la neurona y defendió una trama celular inexistente.
Y, por encima de todo, recordemos que no le dieron el de Literatura a Borges.
Ah, los premios. Qué tontería. Qué estúpida vanidad.

Pues una vez dicho esto, reconozcamos que el Premio Pritzker no está mal: Más de la mitad de los premiados son buenos arquitectos.
El premio lo conceden anualmente los Hoteles Hyatt (pronúnciese Jaia, que queda más chulo). ¡Qué hoteles! ¡Qué hermosura! ¡Qué amor inmarcesible por la buena arquitectura!

Hotel Hyatt Regency Cambridge Overlooking Boston
Boston, Massachusetts, EE.UU.

Hotel Grand Hyatt, Santiago de Chile

Parece ser que ese amor inmarcesible es el que legitima a los dueños de estos descomunales hoteles para otorgar el premio anual al mejor arquitecto del mundo.
Este año le ha caído la china al arquitecto chileno Alejandro Aravena.
¿Qué decir de él? Pues que es muy guapo.
Y que tiene el pelo así, a picos. Como Son Goku.

Vale: Esto que digo es muy frívolo. Pero es así. Si ponéis Alejandro Aravena en google imágenes salen sesenta y un retratos suyos antes de ver la primera obra -y en pequeñito-, y luego siguen más retratos.
[Por favor, mira la nota al final de este texto].
Claro que es frívolo. Todo es muy frívolo. Todo es un postureo tonto que se basa en que ninguno tenemos ni idea de arquitectura ni sabemos valorarla objetivamente. Así que un gran arquitecto será más y mejor arquitecto y más y mejor loquesea si sale en las portadas de revistas de moda, si viste bien, si nos vende la moto del glamour y nos sacude a todos en este mundo de oropel y mentira. ¿Para qué hablar de arquitectura? ¿Quién narices entiende algo de arquitectura? ¿Qué es eso de la arquitectura? ¿Quién sabe a estas alturas distinguir o apreciar la buena arquitectura? No es de esto de lo que estamos hablando. No es de esto de lo que habla el Pritzker.
Tan cierto es esto que el jurado del Pritzker no le da el premio (solo) por ser buen arquitecto ni por hacer buena arquitectura, sino por su "compromiso con la sociedad".
El acta dice que Alejandro Aravena "abre nuevas oportunidades a los menos privilegiados, mitiga el efecto de los desastres naturales, reduce el consumo de energía y genera nuevos espacios públicos". (Les ha faltado decir que previene la caída del cabello y que cuando hace "pop" ya no hay stop).
Es decir: Estamos ante un premio de arquitectura que no sabe valorar ni defender suficientemente la arquitectura ni quiere entrar en tan espinoso asunto y apuesta por otros conceptos y por otros valores no arquitectónicos.
Muy bien: Compromiso social.
Tenemos ya el summum: No sólo es guapo, sino que se enrolla con los pobres y necesitados. Es encantador. Es para comérselo (mi editor no me deja escribir "follárselo"). ¡Maldita sea! ¡Es el puto Richard Gere!
Quedamos en que Aravena se implica en facilitar las condiciones de habitación de las clases más desfavorecidas. ¿Y cómo lo hace? Pues muy fácil: Por ejemplo en la Quinta Monroy les hace media casa guay para que ellos chabolicen a su puta bola la otra media.

 1.- Se construyen medias casas muy pobres pero muy cool.

 2.- Entre cada dos mitades guays hay un espacio para hacer las otras mitades cutres.

3.- El estado final es muy divertido. Tanto que ya podría irse a vivir allí el jurado del premio.

(Tiene tela lo que dice el acta de que este brillante arquitecto "genera nuevos espacios públicos". Lo que hay que oír. Ved en esta última foto la calidad y el carácter de esos nuevos espacios públicos).

sábado, 16 de enero de 2016

La patrona

No sé si sabéis que la patrona de los arquitectos es Nuestra Señora de Belén en su huida a Egipto. Repito: En su huida a Egipto. Es decir, nuestra patrona no lo es todo el rato, sino sólo mientras huye. A Egipto.


A ver si nos enteramos: Es como si el patrón de los médicos no fuera San Lucas, sino San Lucas cuando mojaba el cálamo en el tintero, y no todas las veces, sino sólo los jueves.
Así es nuestra profesión: Ni siquiera tenemos una patrona full time.
Busco en la wikipedia la Virgen de Belén, y me dice que es llamada también Nuestra Señora de Belén, que es una advocación mariana del catolicismo que se venera en San Mateo (Venezuela), y cuya festividad se celebra el 26 de noviembre. Pero mi amigo Francis, que es belenconsorte, me dice que de eso nada, que él sabe bien que es el 6 de mayo cuando se celebra. Eso me hace dudar y buscar; y, efectivamente, encuentro otra Nuestra Señora de Belén, esta vez patrona de Almansa (Albacete, España), cuya fiesta es el 6 de mayo.
Vaya lío de Belenes. Al parecer hay varias (al menos estas dos). Para colmo, Nuestra Señora de Belén EN SU HUIDA A EGIPTO se celebra el primer domingo después de los Reyes Magos. Este año ha sido el 10 de enero.
¿Y por qué es esta nuestra patrona? ¿Qué ha hecho Nuestra Señora de Belén -siempre en su huida a Egipto, naturalmente- por los arquitectos?
Yo no le veo ninguna relación con la arquitectura, así que estoy deseando que terminen de canonizar de una vez a Antoni Gaudí, (o aunque sea a Flanlloirrai), a ver si lo tomamos como patrón y así sí, así nos sentiremos más identificados y patroneados.
Después de darle muchas vueltas a Nuestra Señora de Belén (en su huida a Egipto) y preguntar a mucha gente, he formulado varias hipótesis. Todas ellas endebles, por no decir inconsistentes y falsas:

lunes, 11 de enero de 2016

Paguí, Paguí, olalá

Esta entrada va a ser dura y comprometida para mí, y me voy a ganar unos cuantos coscorrones vuestros porque no conozco a nadie que no se entusiasme con París. Me voy a quedar más solo que la una.
Pero me debo a la verdad. Este blog supone un deber moral para mí, y creo que sabré afrontar y sufrir vuestras críticas.
Pues sí, pues eso, pues vale: Que no me gusta París. Ya lo he dicho.
En mi opinión París tiene una imagen y una fama desmesuradas e injustísimas. La campaña de publicidad que le ha hecho todo el mundo -incluso desinteresadamente- durante siglos es algo digno de estudio sociológico.
Encima yo, que soy tan poco viajado, he ido a París tres veces, lo que, teniendo en cuenta que aún no conozco Londres, Berlín, Roma, Dublín, Estocolmo ni muchas otras capitales europeas, es un disparate y una zafiedad por mi parte.
La primera vez no me gustó. Fui una segunda vez por si no había sabido apreciar la ciudad a la primera, pero confirmé mis impresiones. Y fui una tercera por otro motivo y lo mismo. Una ciudad desagradable, inhumana, mal trabada y mal organizada.

Me gusta mucho el Quartier Latin, algunos restaurantes y bistrots, un grupo de jazz callejero tocando en la Place des Vosges, la librería Shakespeare & Co, Notre Dame, el Centro Pompidou y muchas cosas más. Pero eso a mí no me vale. Una ciudad tan grande tiene que tener por fuerza algunas (bastantes) cosas buenas, pero a mi juicio son cosas aisladas, excepciones, cosas buenas a pesar de la ciudad. El carácter de París, su esencia, contradice y anula esas cosas buenas y configura un todo inhumano, agotador y angustioso.

Librería Shakespeare and Company. Una delicia

Si la cantidad de escritores, pintores, músicos, intelectuales y artistas de todo tipo que pasaron por París hubieran decidido ir a Zamora -por ejemplo-, hoy sería Zamora esa ciudad mítica, sólo que bastante mejor compuesta y trazada.
La gran virtud (falsa, inmerecida e incierta) de París de concitar un sentimiento de libertad, de intercambio, de efervescencia y de inteligencia -virtud que nunca tuvo Zamora, al menos en tan alto grado-, y que hace de París la gran ciudad que amáis todos, se ha debido siempre a un "efecto llamada" previo que forma un círculo vicioso. París es una maravilla porque todo el mundo lo dice, y como todo el mundo lo dice se produce esa maravilla, y todo el mundo lo dice.
En fin: que todo eso se debe a una publicidad excesiva, a un complejo de inferioridad de los no parisinos y a un "siempre nos quedará París" bastante exagerado.

We'll always have Paris. París: Esa ciudad entregada con entusiasmo
a los nazis en su momento, pero que (¿quién sabe por qué?) mantiene un
glamour y una entidad como de patria de la libertad o algo así.

De acuerdo: En los planos literario, pictórico, musical... París es imbatible (a causa de ese "efecto llamada"). ¿Pero qué pasa en el plano meramente urbanístico y arquitectónico? Veamos París como un "objeto urbano". ¿Qué nos dice? ¿Qué nos muestra? Un montón de casas rimbombantes con mansardas (modelo debido al mediocre arquitecto que les dio nombre), unos cuantos edificios públicos grandilocuentes neoclásicos o neobarrocos, pastelosos y absurdos, y unas avenidas y plazas estrelladas aptas para ser vistas desde el aire y para ser desfiladas con el paso de la oca, pero no para ser vividas.
En una de mis visitas se me ocurrió cruzar la Place de la Concorde caminando. ¡Qué atrocidad! ¡Qué cosa más inhumana! Además hacía calor. Horrible. Un desierto, un plano infinito, con unos edificios allá, al fondo, enanos, fuera de escala. (Luego te acercas y son grandes, pero no están en consonancia con el tamaño de la plaza).

Place de la Concorde

sábado, 26 de diciembre de 2015

El toque Dumas

El gran escritor Alejandro Dumas (padre) tenía una cara que se la pisaba. Vivía a tope, siempre en la cuerda floja. Ganaba muchísimo dinero y se gastaba todavía más. Era un pinta, un sinvergüenza, un gran amigo.
En cuanto a su trepidante forma de vida, le venía de herencia: Su padre -el Conde Negro- cuando tenía doce o trece años había sido vendido como esclavo por el abuelo, quien con el dinero obtenido viajó a París a recuperar su herencia. Una vez recuperada, el abuelo recompró a su hijo, que se convirtió más tarde en uno de los mejores espadachines de Francia, y llegó a general. El Conde Negro murió muy joven, de cáncer, y dejó huérfano a Alejandro con cuatro años.
Comprenderéis fácilmente que con estos antecedentes personales las novelas de enredo y aventuras salen solas.

Alejandro Dumas, por Nadar

Alejandro Dumas se dedicó frenéticamente a la escritura, frenéticamente al amor, frenéticamente a la caza, a la comida, a la bebida, a la juerga y a la amistad.
Era un hombre apasionado y excesivo.
En sus mejores momentos cobraba verdaderas fortunas por sus novelas, y se las gastaba en un abrir y cerrar de ojos. Contraía deudas, huía, todo ello como si él fuera uno de sus inolvidables personajes.
En aquella época causaban sensación las novelas por entregas: Novelas que el escritor empezaba teniendo sólo una vaga idea de cómo iban a seguir, y que en función del éxito que iban teniendo, y a instancias del editor de los folletines, estiraba y ramificaba.
En esas condiciones era muy difícil que cualquier escritor, que iba improvisando cada entrega, siguiera el hilo de sus novelas. Y más si estaba simultaneando cuatro o cinco.
Por ello, Dumas tenía varios "negros". (Se llaman así, sobre todo en el ámbito literario, pero se aplica y extiende a cualquier otro, a los colaboradores anónimos, cuyos nombres no figuran en las obras y cuyos méritos vampiriza el autor "nominal" u "oficial", que se lleva la fama y el dinero mientras los malpaga).

Tan frenética era la producción de Dumas (padre) y tal dependencia llegó a tener de sus negros que al parecer en una ocasión le preguntó a su hijo: "¿Has leído mi nueva novela?"; a lo que el hijo le contestó: "Yo sí. ¿Y tú?"